La gran diversidad de ambientes y paisajes convierten a Ordesa en un
patrimonio natural excepcional que debe ser protegido y conservado para
las generaciones venideras. De hecho, el paisaje de estos lugares ya
fue en tiempo atrás ensalzado por notables personalidades como Louis
Ramond de Carbonnierès, Soler i Santaló, Lucien Briet, Ricardo del
Arco, Lucas Mallada, Franz Schrader y tantos otros. La aportación y el
entusiasmo de estos pirineístas fue decisiva para que en 1918 Ordesa
fuera declarado Parque Nacional.
En el año 1966 y con objeto de asegurar la riqueza cinegética de
buena parte de la cordillera se declaran alrededor del Parque Nacional
de Ordesa las Reservas Nacionales de Caza de Viñamala y de Los Circos.
En 1977 pasa a formar parte de la Reserva de la Biosfera
"Ordesa-Viñamala" y a finales de los 70, a raíz del proyecto de
inundación del Cañón de Añisclo para su aprovechamiento hidroeléctrico,
instituciones y colectivos de ciudadanos se movilizaron para salvar
este enclave. Las obras se paralizaron y en 1982 el Parque Nacional se
amplía y reclasifica bajo el nombre de Parque Nacional de Ordesa y
Monte Perdido, ampliándose su superficie de 2.100 a las 15.608
hectáreas actuales; comprendiendo su zona de influencia los términos
municipales de Bielsa, Broto, Fanlo, Puértolas, Tella-Sin y Torla.
Por el año 1988 es declarado Zona de Especial Protección para las
Aves (ZEPA). Ese mismo año obtiene el máximo galardón de la CEE
"Diploma del Consejo de Europa a la Conservación", éste es renovado
cada 5 años siempre que se continúe en una serie de estrictos
parámetros de conservación del espacio natural, lográndose
ininterrumpidamente los años 1993, 1998 y 2003. En 1997 recibe otro
máximo galardón, la declaración del Parque como Patrimonio Mundial de
la Humanidad, junto con los glaciares de la vertiente francesa por
parte de la UNESCO.