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Iñaki Sagredo, conquista por aire los castillos del Viejo Reyno de Navarra: LA ENTREVISTA
Iñaki Sagredo estudia los castillos del Viejo Reino desde 1997, defensor del patrimonio, da conferencias y colabora con asociaciones culturales como La Kukula, de Burgui, la Asociación de almadieros de Navarra, la Asociación del castillo de Loarre y Nabarralde, asesora a autores y ayuntamientos. Ganó el certamen literario Ciudad de Bailén, con Natxo Armendáriz yo mismo, donde describe la vida de un arqueólogo corrupto en las excavaciones realizadas en la plaza del Castillo de Pamplona. Es autor del libro Castillo de Irulegi, editado por el Concejo de Aranguren, así como reportajes sobre los castillos de Navarra en revistas locales: Aldapa, Harria y Kukula . Ha colaborado en los libros de Pedro María Esarte, Francisco de Jasso y Xabier (Pamiela, 2005) y en la reedición de la obra de José María Jimeno Jurio, Dónde fue la batalla de Roncesvalles (Pamiela 2004). Publicó Los castillos que defendieron el Reino: De Laguardia a Foix, y del Moncayo al Goierri, (Pamiela 2006), donde ofrece un estudio exhaustivo de las fortalezas y castillos dispersos por los territorios del antiguo Reino; y el próximo mes de abril presentará un último libro sobre castillos de Sancho III el Mayor. Ha finalizado un libro en el que ha investigado los castillos del País Vasco, todavía no hay fecha de presentación pero piensa que será a finales de año.
Su libro Los castillos que defendieron el Reino es el trabajo más exhaustivo que se ha realizado sobre las fortificaciones de Navarra, ¿Esto es así?
Sí, tiene el récord de peso en la editorial (afirma con una sonrisa). He documentado in situ todas las localizaciones que aparecen. Hay 10 fortalezas de las que no se tenía un conocimiento exacto de su localización, como Irurita y Peña Redonda en el Moncayo. También se publican aquí textos medievales inéditos.
¿Cómo nació la idea de publicar el resultado de sus investigaciones?
La idea de publicar el primer libro no comenzó como idea. Empezó como una afición, haciendo excursiones, buscando los castillos de Navarra. A partir de ahí, los iba recogiendo y estudiando. Así junté la zona de la montaña, la Rivera y poco a poco me ocupé de todos. Si tú preguntas a la gente de la calle cuántos castillos conoce en Navarra puede señalar cuatro o cinco. Yo te hablo de 100 castillos, muchos de estos eran muy pequeños, no tenían más que una torre a modo de atalaya y estaban ocupados por diez hombres.
¿Cómo localiza las edificaciones si hoy apenas quedan señales visibles?
Durante la labor de investigación se encuentra el lugar a través de los topónimos. La gente mayor de los pueblos todavía conocen estos lugares.
¿Una vez ubicado el castillo cómo continúa el proceso de investigación?
Por un lado está el trabajo de campo y por otro la búsqueda de documentos. En los archivos medievales de la Cámara Comptos se encuentran los registros, que son un tipo de facturas que había en la Edad Media. Se pagaba a los canteros por arreglar los muros. En estos registros se consiguen pistas sobre el nombre y la ubicación. Se habla, por ejemplo, del arreglo de una pared de treinta brazas de largo, que eran las medidas que se utilizaban entonces. De este modo con el nombre del pueblo y el resto de datos se configuran las características del castillo. La tercera fase del proyecto son las fotografías aéreas que permiten marcar la planta. Con el trabajo documental, la excavación y las fotografías aéreas se reconstruye el castillo. Finalmente los dibujo con carboncillo, lápiz y acuarela.
¿Cuáles fueron los primeros castillos en los que trabajó?
Fueron los cercanos a Pamplona en el corredor del río Arakil como el de Irulegi o el de Orraregi. Después seguí la ruta de la montaña y más tarde la Rivera. Lo más llamativo es los contrastes existentes en la actualidad, durante la Edad Media no había tanta diferencia entre la Baja Navarra, en Francia, y la parte del sur de Navarra. El euskera era la lengua común. Ahora, quizá, hay más distancia debido a la influencia de las culturas predominantes. De cualquier modo todavía persiste ese sentimiento de pertenencia a Navarra. Cuando visito a mi amigo Daniel, dueño del castillo de Latsaga, y a miembros de sociedades culturales en la Baja Navarra, me transmiten estos sentimientos que siguen vivos a pesar del tiempo.
Hace una labor importante en la recuperación del patrimonio, ¿En qué consiste?
Doy charlas en los lugares donde se me pide, desde esta posición, en cada localidad animo a la recuperación del patrimonio local. La respuesta es muy positiva. Cada vez hay más pueblos quieren recuperar lo que queda de sus castillos.
Una vez que un pueblo ha mostrado su interés en recuperar su castillo, ¿cómo es el proceso?
Lo primero es dar una charla. Si el ayuntamiento está interesado en recuperar el castillo de la localidad, les ponemos en contacto a las autoridades municipales con un equipo de arqueólogos que realiza un proyecto dónde se detallan todos los pasos a seguir y se encarga de pedir los permisos al Gobierno de Navarra. Además realiza un presupuesto y se pide la subvención.
Una vez que el Gobierno de Navarra concede los permisos, comienzan los trabajos de campo durante el verano. Las catas se realizan durante varias campañas hasta conseguir el objetivo, que es sacar a la luz la planta del castillo. Los restos que van saliendo siguen un proceso, si aparecen vasijas o cráneos se catalogan y se restauran cuando es posible. Se datan dependiendo del estrato en que se encuentran, y así se va analizando la excavación cuidadosamente. Es como hacer el “CSI”. Por ejemplo, si aparece un recipiente del Siglo XIII con restos de hollín quiere decir que hubo un incendio. O bien, si se encuentran puntas de flechas dobladas muestra que en ese lugar tuvo lugar una batalla. Los objetos y la documentación que se generan a partir de la investigación nos sirven para reconstruir la historia. Con toda esta información se hace una recomposición global. Se trabaja con fotogrametría o escáneres 3D que son técnicas para estudiar los restos al mínimo detalle. De este modo se reconstruye la planta con medidas exactas. Finalmente, se hace una memoria con el proceso de la excavación, los hallazgos arqueológicos y la historia. Con la documentación recopilada se sacan unas conclusiones que se publican. Así se trabaja cada año o campaña. Con esto se pretende hacer un parque arqueológico perfectamente documentado que la gente pueda visitar. Ahora estamos trabajando en la recuperación de un castillo en Isaba y hay varios proyectos que pueden salir adelante.
Ha hecho un mapa con las fortificaciones de Sancho III el Mayor y si no me equivoco próximamente publicará su segundo libro de castillos.
El libro de los castillos de Sancho III el Mayor ya está terminado y si todo va bien, saldrá en abril. Esta zona fue muy importante, la sierra de Loarre era frontera natural entre el poder musulmán y cristiano. Los musulmanes se concentraban en Huesca, Zaragoza y Graus. En contraposición el poder cristiano, estaba situado en Loarre, Cinco Villas, Sobrarbe y Ribagorza. Todos estos castillos mantenían una comunicación visual. Por ejemplo: Buil con el castillo de Morcat; Boltaña con Aínsa, Muro de Roda que está sobre el embalse del Mediano comunicaba con Aínsa, Buil y Boltaña; Muro de Roda comunicaba, a su vez, con Troncedo y Morillo de Monclus. Estos lugares eran la barrera frente a las invasiones musulmanas, por esta razón hay tantos castillos. Sin embargo en Loarre los accidentes geográficos eran defensas naturales que servían de contención. Los castillos defendían los desfiladeros, un ejemplo son los Mayos de Riglos y la parte de Nocito. La zona norte de Graus era más fácil de penetrar, al ser menos accidentada. Todos estos castillos se construyeron o reformaron en los tiempos de Sancho III el Mayor. Para hacer este libro he recorrido desde Pallars hasta Pamplona y Castilla.
Ha fotografiado todos las localizaciones desde un autogiro. ¿Cómo se realizan estos vuelos?
En Lumbier hay una pista de aterrizaje y un hangar donde se guarda el autogiro. Salimos desde ahí y se programa una ruta que sea posible hacerla en una jornada de trabajo. El manejo del sistema de navegación es manual, el aparato no lleva ningún tipo de radar. Previamente se marca en el ordenador el itinerario con los puntos del viaje y después se pasan al GPS .
Con este autogiro hemos pasado varias veces los Pirineos, normalmente volamos a más de 1.000 metros de altura. Aunque hay veces que hemos pasado los 3.000. En una ocasión fuimos hasta Bilbao, llevaba una garrafa de combustible adicional entre las piernas. El depósito permite una autonomía de tres horas. Cuando volamos por Leitza los golpes de viento tiraban el autogiro. Entonces entendí porque la zona está llena de molinos de viento. Sin embargo, cuando fotografié el Sobrarbe había viento de cola y fue más fácil.
¿Ha terminado con los castillos del Pirineo o todavía que algo pendiente?
No, ya hemos terminado todos los que queríamos estudiar.
Texto: Nieves Ciriza
Fotos: Iñaki Sagredo
26 de febrero de 2007
