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El mes de febrero destaca por los contrastres y contradicciones en cuanto a las manifestaciones festivas se refiere. El calendario religioso tiene varias celebraciones en este mes, también es el comienzo de la cuaresma, con sus consiguientes prohibiciones.

Pero, además es tiempo de carnaval, fiesta transgresora donde las haya, en la que máscaras, disfraces y comparsas salen a la calle para recibir las fiestas más alegres, coloristas y mundanas del Pirineo.

Los valles pirenaicos abren en invierno las puertas a costumbres y ritos ancestrales para dar una bienvenida calurosa a los meses más fríos del año. Mientras la tierra duerme, el fuego, símbolo del sol, calienta los hogares, dando lugar a celebraciones y rituales en torno al fuego que se prolongan hasta la Candelaria, el 2 de febrero. Son días de hogueras en honor a los santos barbudos, San Antón, San Sebastián, San Pablo.

El fuego, protagonista indiscutible de las fallas, hogueras de verano y de la noche de San Juan, alcanzó también protagonismo en algunos lugares del Pirineo como el Pallars, la Alta Ribagorça> o el Valle de Arán, donde también se celebraban fiestas y hogueras de invierno. Hoy solamente la Comarca del Berguedá conserva las verdaderas fallas de invierno llamadas Fia Faia en lugares como Bagà, Sant Julià de Cerdanyola y Guardiola.

El invierno es una estación muy rica en tradiciones y manifestaciones populares en todo el Pirineo, ya que el trabajo en el campo exige menor dedicación. La noche más larga del año, el 21 de diciembre, anuncia el inicio del solsticio de invierno. Ritos de magia y costumbres de fuego y cencerros se sucederán desde entonces y hasta finalizar el mes de enero.

El mes de noviembre se caracteriza por ser un mes de tránsito entre el otoño más colorido y el frío invierno; los habitantes del Pirineo se preparan para pasar los dias venideros, largos y fríos, mientras esperan con paciencia la llegada del buen tiempo.

El otoño ha llegado al Pirineo tiñendo de cobre las hojas de los árboles; es un buen momento para elaborar conservas, preparar el hogar para la llegada del frío invernal, pero tambien es tiempo de ferias ganaderas y artesanas, así como de celebraciones de gran raigrambre en todo el Pirineo.

El sol ha terminado de madurar los frutos con los que elaborar los más preciados caldos en casi todas nuestras regiones; la primera pisada de uvas se celebra en septiembre y numerosas son las localidades del Pirineo que celebran la Fiesta de la Vendimia.

El otoño se acerca al Pirineo y va transformando el paisaje estival, tiñendo de cobre las hojas de los árboles; el ciclo del despertar de la vida se acaba.

Nada resulta más sugerente en el mes de agosto como las fiestas de los pueblos, fiestas que salpican los parajes más insólitos del Pirineo. Para unos motivo de encuentro con familiares y amigos, de recuerdos infantiles, de olores y sabores de la cocina de fiesta; para otros una buena ocasión para escoger y disfrutar de entre tantos acontecimientos festivos y culturales.

Durante el mes de julio la cordillera pirenaica se llena de muestras musicales, culturales, artísticas y folclóricas que sirven para dar una nota de color y calor a las alegres noches de verano. Los festivales de verano y las fiestas populares son los auténticos protagonistas de este mes.

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